Al igual que nuestros niveles de energía diaria fluctúan, también experimentamos variaciones en nuestra motivación a lo largo de la semana, el mes e incluso las estaciones. A veces, mantenemos un enfoque preciso como un láser en nuestros objetivos, mientras que en otras ocasiones permitimos que las distracciones nos aparten de nuestro camino. Estas distracciones pueden drenar nuestra motivación. Es normal experimentar momentos de agotamiento mental y físico; no debes sentirte desanimado ni desviarse significativamente de tus metas. Lo que necesitas en esos momentos es un reinicio que te impulse a la acción con energía y entusiasmo.
Cuando nos sentimos bien, también estamos motivados en todos los aspectos de la vida, ya sea en el trabajo, la salud o la familia. Incorporar estas simples prácticas en tu rutina diaria puede marcar una gran diferencia. 

Estrategias de motivación:

1. Deshazte de aquello que ya no utilices 

Un espacio desordenado y una mente desordenada desvían mucho la energía. Haz limpieza en tu armario y deshazte de todo lo que no uses desde hace un año o que ya no representa importancia en tu vida. Nuestra "primera mente", intenta centrarse en la tarea que tenemos entre manos, mientras que nuestra "segunda mente", la distrae. ¿Tienes que hacer una llamada? ¿Un proyecto que has estado evitando? ¿Tienes que escribir una tarjeta de agradecimiento? Detén lo que estás haciendo en este momento y realiza las siguientes tareas de la "segunda mente" para que puedas estar completamente presente en el momento actual con tu "primera mente”


2. Reflexiona sobre tus días

Nos movemos tan rápido a lo largo de nuestros días que a menudo nos olvidamos de ir más despacio y reconocer lo que nos aporta alegría y nos llena el alma. Cuando reflexionamos profundamente sobre cuándo experimentamos la mayor felicidad, obtenemos una mayor claridad sobre nuestra forma de vida. ¿Cuándo fue la última vez que hiciste eso?. Puede que sea tomar un café con un amigo, salir a correr, prestar un servicio a la comunidad, cantar, leer o ponerte a prueba. Sea lo que sea, práctica más aquello que te produce felicidad y agradécelo cada vez que lo recibas. La felicidad es un poderoso motivador.

3. Establece horarios nuevos

Somos seres arraigados en hábitos. Por eso, las rutinas pueden ser transformadoras y mágicas. Sin embargo, es necesario reformarlo. Estamos en constante evolución, por lo que es importante que nuestras rutinas reflejen estos cambios. Puede que sientas falta de motivación porque tu rutina actual no te inspira. Eso no significa que debes de abandonar tus hábitos y costumbres saludables, simplemente cámbialos. Por ejemplo, si normalmente haces ejercicio por la noche, tal vez puedas empezar a hacerlo por la mañana para aprovechar la luz matutina. O si te resulta difícil encontrar tiempo para conectarte con tu alma, tómate 10 minutos para centrarte y fijar tus objetivos.

4. Evalúa tu alimentación

Si tus comidas son monótonas en color y parecen abrumadoramente blancas, es hora de ajustar tu dieta. Las frutas y verduras de colores vivos tienen antioxidantes y están repletas de vitaminas que alimentan tu cuerpo. Dale un empujón a tu cerebro con pescado fresco, nueces, arándanos, aceite de coco y cúrcuma. Consulta a tu médico o nutricionista sobre las vitaminas del grupo B para aumentar la energía. La nutrición es clave para la concentración y la resistencia.

5. Dedica tiempo para ti mismo 

Ya estás reservando una hora diaria para cuidar tu cuerpo mediante clases de barre, pilates o el gimnasio. ¿Por qué no considerar añadir 10 minutos más para nutrir tu alma? Dedica tiempo a la lectura, la meditación, la oración, escuchar música, llevar un diario o simplemente siéntate en calma mientras observas la naturaleza. Te sorprenderá lo que estos breves momentos diarios pueden lograr inspirar profundamente y motivar para ponerte en acción. 

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